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Archive for 25/03/11

La muerte del sacerdote Antonio Maria Hernández, artífice de la obra asistencial para mayores de Santa Rita, en Puerto de la Cruz, Teneirfe, me ha hecho recordar una vieja anécdota que retrata el paupérrimo perfil de algunos personajes de la esfera pseudoescéptica. Con esa palabreja hace años intentamos clasificar a los habitantes de ese particular ecosistema en el que se parapetan quienes se autoetiquetan como “escépticos”, y así se sienten legitimados para criticar sin medida, insultar, e incluso de tarde en tarde mentir, para “luchar contra los vendedores de misterios” Además de secuestrar la definición de “escéptico”, alguno que otro especialmente temerario ha intentado incluso gestionar conceptos como “ciencia” o “científico”, cuestionando o lanzando improperios contra hombres y mujeres de ciencia que puntualmente pueden haber tenido alguna relación no crítica con el “mundo del misterio”

Sobra decir, pero lo decimos, que estos pseudoescépticos son una pequeña minoría afectada de una singular endogamia, que solo se representan a ellos mismos, de manera que suelen ser a la ciencia lo que los hooligan al mundo de la afición futbolística. No hay diálogo ni punto de encuentro posible, cualquier medio justifica el fin, involucrando de tarde en tarde en sus desmedidas arengas a más de un despistado y respetable hombre de ciencia. Un comportamiento bastante similar al que ellos atribuyen a los “vendedores de misterios”, curiosamente.

Pero no me quiero perder por esos callejones de la crítica que no conducen a ningún lugar, y sí en cambio centrar las líneas restantes en esa anécdota que protagonizó el Padre Antonio, que supongo nunca conoció y que de haberlo hecho, le habría importado un celestial pimiento. Uno de esos pseudoescépticos le acusó años atrás, mientras el resto de la tribu hacía la ola, de fraude por querer vender trocitos de cielo, de querer engañar a la gente de forma tan descarada, vamos, un fraude en toda regla. El audaz y perspicaz acusador no tuvo en cuenta, no lo sabía, no tuvo tiempo de informarse, no quiso o no le importó, fue que aquellos imaginarios trocitos de cielo que el Padre Antonio vendía, autentificando la compra con un original documento que hacía las veces de “escrituras de propiedad”, eran parte de un cómplice y transparente guiño entre su Fundación y los solidarios compradores, que con aquellos donativos ayudaban a sostener su obra asistencial con personas mayores.

¿Se puede estar tan ciego y meter la pata tan al fondo como para afirmar que el Padre Antonio quería vender fraudulentamente trozos de cielo para enriquecerse, engañando vilmente a un puñado de crédulos e ignorantes compradores? Pues sí, se puede estar tan cegado por el odio, los prejuicios, el rencor, la ignorancia, el todo vale, la autocomplacencia, etc…como para pensar que eso era así y decirlo públicamente¡¡¡¡ Con publicidad y sin ponerse colorado¡ Esa anécdota ocurrió hace más de una década, puede que casi dos y seguro que el Padre Antonio ni se enteró.

Al fallecido le conocí años atrás y la verdad es que aquel apretón de mano que nos dimos no me transmitió las mejores sensaciones. Intuición, prejuicios, un mal día, polos opuestos….quien sabe. En todo caso eso no me cegó nunca a la hora de reconocer lo que hacía, puede que mejorable en muchos aspectos, pero infinitamente mucho más de lo que hacían las instituciones y muchas familias por sus mayores, que tuvieron en el Padre Antonio a alguien que les sacaba las castañas del fuego.

Es paradójico que la noticia de su muerte haya coincidido en la prensa con otra a la que cautelarmente, o quien sabe si corporativamente, se le ha dado mucha menos repercusión. Alude la información a las acusaciones sobre delitos sexuales contra un conocido periodista tinerfeño, cuyo nombre y apellido coincidía con el de otro popular periodista ya fallecido, divulgador de nuestros temas misteriosos, al que más allá de la crítica razonable también gustaban de vilipendiar. Es tan obvia su identidad que no hace falta nombrarlo. Pues bien, otro de estos hooligan del pensamiento pseudoescéptico (pensamiento?) al tener conocimiento de lo que en aquel momento eran rumores sobre ese asunto delictivo que aludía al periodista “A” y a sus presuntas preferencias sexuales, se dejó llevar años atrás por la emoción y la confusión y no tuvo reparo en atribuir también públicamente al otro periodista “B” aquellas escabrosas acusaciones….y de un recuerdo paso a otro….mejor lo dejamos aquí.

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